La diferencia entre una oficina que siempre se siente limpia y una que solo luce limpia el lunes suele ser el plan detrás. Una compañía profesional debe darle una lista escrita de tareas y la frecuencia de cada una.
Las tareas diarias cubren las áreas más usadas: baños limpios y abastecidos, basura y reciclaje vaciados, cocinas y comedores limpios, superficies de alto contacto como manijas y mostradores desinfectadas, y pisos barridos o aspirados en áreas de tráfico.
Las tareas semanales llegan a lo que la limpieza diaria no cubre: sacudir escritorios, repisas y persianas, mapear todos los pisos, limpiar cristales interiores y enseres. Mensual o trimestralmente, el plan debe incluir detalles como zócalos, rejillas, filtros de A/C y cuidado profundo de pisos.
Pregunte quién es su contacto cuando algo se pasa por alto, y qué tan rápido se corrige. Un buen proveedor revisará el plan con usted tras las primeras semanas y lo ajustará a cómo su equipo usa el espacio.
