Las propiedades de la costa norte de Puerto Rico conviven con tres cosas a diario: salitre, sol fuerte y lluvia frecuente. Juntas alimentan el hongo, el moho y las algas que ponen grises las paredes blancas y verdes las marquesinas, a veces a pocos meses de una limpieza.
Ese crecimiento no es solo estético. Retiene humedad contra el concreto y la pintura, acorta la vida del recubrimiento y hace las aceras resbalosas después de llover. En los techos, puede atrapar agua y afectar el sellado.
Para la mayoría de los hogares cerca de la costa, lavar a presión paredes, marquesinas y aceras una o dos veces al año lo mantiene bajo control. Las propiedades comerciales con mucho tráfico, estacionamientos o fachadas al público se benefician de un calendario trimestral.
El método importa tanto como la frecuencia. Demasiada presión marca el concreto y quita la pintura; muy poca deja las raíces del hongo. Un buen equipo pretrata la superficie, usa la presión adecuada al material y enjuaga plantas y ventanas mientras trabaja. Si piensa repintar, lavar primero es lo que hace que la pintura dure.
